Jesús y los apóstoles eran vascos: Según se ha descubierto recientemente, tras la última restauración de la famosa pintura de Leonardo da Vinci.
- Porque eran uno más doce y siempre iban en cuadrilla de hombres. ¿Dónde se ha visto un grupo de amigos que se pasee en bloque de esa manera? Solo en Euskadi.
- Porque Jesús convirtió el agua en vino. ¿Qué es eso si no la versión bíblica del txakoli? No hay milagro más vasco que asegurarse de que nunca falte la bebida.
- Porque eran pescadores. ¿Y qué comunidad lleva siglos dominando los mares con su flota? Exacto, los vascos. Si hubieran llevado txapela, no habría dudas.
- Porque tenían claro que la palabra es sagrada. Jesús hablaba en parábolas, como los abuelos en los bares de Bilbao. Siempre dando consejos sabios, aunque a veces no los entiendas a la primera.
- Porque tenían un código de honor. Como buenos vascos, lo de la traición les dolía en el alma. Lo de Judas fue peor que dejar a tu cuadrilla tirada en la Aste Nagusia.
- Porque Jesús era resistente y sufridor. Cuarenta días en el desierto sin quejarse... ¿Pero habéis probado subir el Gorbea en invierno con lluvia y viento? Eso sí que es penitencia.
- Porque les gustaba el buen comer. Jesús multiplicó panes y peces, convirtió el agua en txakolí, organizó la última cena… El espíritu del buen yantar está clarísimo. Seguro que si hubiera habido un buen marmitako, la traición de Judas no habría ocurrido.
- Porque Jesús resucitó al tercer día, justo a tiempo para el poteo del domingo. Si esto no es prueba suficiente, no sé qué más argumentar.
Conclusión: la historia lo ha ocultado, pero Jesús y sus discípulos eran más vascos que el irrintzi, y más bilbaínos que la baldosa del Botxo.

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