sábado, 1 de noviembre de 2025

1. «Moonlight in Vermot»

En el pequeño escenario de aquel club de Jazz escondido entre callejones de ladrillo y luces tenues, la noche se deslizaba como humo entre copas de alcohol, cigarrillos y notas suspendidas. Ella, vestida de seda roja y con su voz de terciopelo, cerraba los ojos mientras entonaba Moonlight in Vermont. Su presencia era magnética, como si cada palabra tejiera una historia que todos conocían pero nadie había vivido.

Amanda, con un cigarrillo entre los dedos, fijó su mirada en Tom. No dijo nada, pero sus ojos hablaban con una cadencia lenta, como el contrabajo que marcaba el pulso de la canción. La luz cálida de la vela entre ellos dibujaba sombras suaves en su rostro, y cuando se inclinó apenas hacia adelante, el escote de su vestido se abrió un poco más, como una promesa:

No te parece que esta noche tiene algo distinto? —susurró, sin apartar la mirada.

Tom asintió, tragando saliva. Sentía el humo espesarse entre ellos, mezclado con el perfume de Amanda, que parecía volverse más denso con cada nota del tema interpretado por el quinteto. En el fondo, se sorprendía de estar allí: con ella, tan cerca, tan lejos del mundo real. Amanda giró la copa entre los dedos, como si acariciara el tiempo, y dejó que su mano rozara la suya, apenas, como por accidente.

Podríamos seguir escuchando música… —dijo, dejando la frase suspendida como una nota sin resolver—. En mi casa tengo un tocadiscos. Y brandy.

Tom no respondió. No hacía falta. En los ojos de Amanda ya estaba escrita la respuesta. Ella se levantó con elegancia, sonriendo apenas, mientras la cantante Helena sostenía el cigarrillo entre sus dedos y dejaba caer las primeras notas de This Love of Mine.

El terciopelo del ambiente parecía envolverlo todo. Tom la siguió, como si la canción lo empujara suavemente hacia lo inevitable...



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