lunes, 1 de septiembre de 2025

21. «La noche tranquila en la casa de Úbeda»

«Cuando la última migaja de pan fue retirada de la mesa y los platos se apilaron junto a la chimenea, Juan se estiró y, con una sonrisa amplia, invitó a los jóvenes a que lo acompañaran a la bodega cercana para tomar un jarro de vino. Martín y Diego, siempre listos para disfrutar de un buen trago y un rato de charla, aceptaron con entusiasmo. Juan, que tenía un carácter jovial y no dudaba en disfrutar de la compañía de los más jóvenes, les dio una palmada en la espalda antes de salir. Pero Gonzalo, al ver cómo se alejaban, levantó una mano para detenerlos. No le interesaba la bodega esta noche, no cuando había una oportunidad para quedarse en casa con Catalina. Con una excusa que sonó casi natural, dijo:...»



 —Yo me quedaré, no tengo ganas de taberna esta vez. Me voy a quedar a descansar. Martín lo miró brevemente, algo confundido, pero no insistió. Diego, siempre más impetuoso, no dudó en burlarse con una sonrisa traviesa:

Lo que pasa es que Gonzalo tiene más ganas de descansar que de vino. Que aproveche el silencio de la casa, ¿no? —Gonzalo se rio de la broma, pero su mirada se desvió hacia Catalina, que estaba terminando de barrer. No necesitaba más excusas. Su decisión estaba tomada. 




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